Obsesivo Compulsivo.

Hola. Sufro de un Desorden Obsesivo Compulsivo, el cual es un desorden de ansiedad donde las personas tienen pensamientos, sentimientos, ideas o comportamientos no deseados y repetidos. En otras palabras, mi vida es un patrón inmutable.

Pero ayer, experimenté una falla en mi propio sistema.

Desperté esa mañana en mi casa cerca del lago inmediatamente a las 6:45 AM., como cada mañana. Antes de salir de mi habitación, me aseguré de tocar el pomo de la puerta tres veces. Tenía que hacerlo. Necesitaba hacerlo.

En mi camino escaleras abajo, me aseguré de no pisar el penúltimo escalón. Nunca piso ese escalón. Simplemente no puedo.

Me preparé mi usual desayuno, basado en tostadas, huevos revueltos y café negro. Nunca como algo mas en la mañana, solo esos tres.

Mientras encendía mi iPad, ratifiqué los titulares de la prensa local, como siempre. Pero hoy, algo… faltaba.

No podía descubrir que era. ¿Olvide algo? El extraño sentimiento se mantuvo conmigo en mi camino hacia mi auto. Antes de salir, también me aseguré de cerrar con llave la puerta principal, abrirla y luego volverla a cerrar.

Manejando hacia mi trabajo, no podía dejar de sentir que una parte de mí mismo estaba perdida. ¿Qué olvidé? ¡Cómo pude olvidarlo!

Esperaba que el sentimiento desapareciera a lo largo del día. No lo hizo. Se mantuvo conmigo por doce horas completas. Dejé la oficina alrededor de las 6:45 PM para dirigirme a casa.

Al llevar cerca de 25 minutos de viaje, paré en la luz roja de la intersección de Marbury y Westway.

Pero, mientras la luz pasaba de roja a verde, no podía dejar de sentir esa extraña sensación nuevamente. La única persona cerca era el hombre conduciendo detrás de mí. Tocó la bocina, en un intento de que avanzara, pero en vez de acelerar solo bajé la ventanilla y le indiqué que me pasara. Y lo hizo.

Me quedé en mi auto, aún en la intersección. Algo estaba muy mal. ¿Qué me estoy perdiendo? 

Me aseguré de tocar todo en mi auto, esperando que eso me ayudara a recordar. Toqué el salpicadero, los asientos de cuero, el freno de emergencia, incluso el techo. No sirvió de nada.

Mis manos comenzaron a temblar mientras comenzaba a conducir nuevamente. Esto no está bien. No me agrada.

Llegando a mi hogar, lleve mi Mustang 74′ al garaje. Lavaba el auto cada día de semana, pero nunca los fines. Solo lavaba la parte frontal y la trasera. Nunca los lados. Sin importar cuan sucios estuvieran, nunca lavaba los lados. Simplemente no podía.

Pero algo mas parecía estar perdido de mi rutina mientras lavaba. ¡No! ¡No de nuevo! Primero las noticias, luego la intersección, ¿y ahora esto? 

Al terminar con el auto, troté hacia el jardín. Solo trotando, nunca caminando ni corriendo.

Abrí la caja de herramientas y nuevamente sentí que algo faltaba de mi rutina! Grité.

“¡Esto no está bien! ¡No lo está! ¡Para nada!”

Me tambaleé hacia atrás y contemplé el lago. Siempre me calmaba cuando mi ansiedad estaba fuera de control. Pero esta noche, todo lo que quería hacer era dormir. Necesitaba terminar con este día.

* * *

La siguiente mañana, desperté a las 6:45 AM. Toqué el pomo tres veces. Me aseguré de no pisar el penúltimo escalón en mi camino a la cocina. Preparé mis tostadas, huevos revueltos y café negro. Encendí el iPad. Revisé las noticias locales.

…Todavía no lo sé…

Me preocupé. ¿Qué podría faltar? Comencé a sentirme enfermo.

Apresurándome por salir en una ira viciosa, rápidamente cerré la puerta, la abrí y la volví a cerrar. Conduje hacia el trabajo.

Suelo trabajar bastante cuando estoy enojado; bastante extraño. Así que, por lo menos, me sentí algo realizado cuando dejé la oficina a las 6:45 PM.

Conduje rápido para llegar a casa. Muy rápido.

Que… estoy… olvidando…

Me acerqué a la luz roja de Marbury y Westway.

Vamos… piensa… ¡piensa!

Un hombre estaba caminando en mitad de la intersección, hacia el otro lado de la calle.

¡¿Por qué no puedo recordar?!

La cabeza del hombre giró rápidamente cuando notó mi Mustang yendo directamente hacia el a 85 millas por hora.

Yo también lo vi. Una ola de horror cruzó mi rostro cuando lo vi caer a un lado.

Giré en la misma dirección. Un gran estruendo se escuchó mientras aplastaba al hombre bajo mi vehículo. Oh, Dios.

Bajando de mi auto con un salto, dudé sobre que hacer. Él estaba en el suelo, gimiendo en agonía, haciendo horribles y guturales sonidos.

Abrí la cajuela del Mustang, levanté al hombre y lo dejé allí. Seguí conduciendo.

Al entrar a mi garaje, me aseguré de lavar la sangre del frente del auto. Los lados no eran necesarios.

Después de arrastrar su roto cuerpo hacia el patio trasero, troté hacia el cobertizo. Dentro de él, habían bolsas de basura negras, bloques de hormigón y una sierra.

Luego de desmembrar al hombre, logré poner sus restos y un bloque de hormigón dentro de una bolsa.

Lanzarlo al lago era lo único que quedaba por hacer.

* * *

La mañana siguiente, me aseguré de despertar a las 6:45 AM y tocar el pomo tres veces antes de saltar el penúltimo escalón en mi camino a la cocina. Mientras comía mis tostadas, huevos revueltos y café negro, revisé las noticias locales en mi iPad.

El titular decía: Asesino en Serie que atropella y huye Ataca de nuevo.

Sonreí.

De vuelta a la normalidad. 

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Pesadillas.

“Papi, tuve una pesadilla”.

Pestañeas algunas veces y te levantas levemente. Tu reloj brilla con una luz roja en la oscuridad – son las 3:23.

“¿Quieres subir a la cama y contarme?”

“No, Papi”

Lo extraño de la situación logra despertarte por completo, aunque apenas puedes distinguir el pálido rostro de tu hija en la oscura habitación. “¿Por qué no, cariño?”

“Porque, en mi sueño, cuando te contaba sobre mi sueño, la Cosa usando la piel de Mami se levantaba”.

Por un momento, te paralizas; no puedes quitar los ojos de tu hija. Las sábanas detrás de ti comienzan a moverse.

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Amor de Madre.

Una tarde, una pareja estaba viajando en su auto cuando, a la distancia, vieron a una mujer en la mitad del camino, moviendo sus manos frenéticamente.

La mujer le dijo a su marido que siguiera conduciendo porque podría ser peligroso, pero el hombre decidió pasar lentamente al llegar cerca de la mujer, para así, no quedar con la duda de qué habría pasado. A medida que se acercaban, notaron que la mujer tenía cortes y moretones en su rostro, como también en sus brazos. Fue allí cuando pararon para intentar ayudarla.

La malograda mujer rogaba por ayuda, diciéndoles que había tenido un accidente en su auto y que su esposo y su hijo, un bebé recién nacido, todavía estaban dentro del auto, el cual estaba en una profunda zanja. Les dijo que su esposo ya estaba muerto pero que su bebé todavía parecía estar vivo.

El hombre que estaba viajando decidió bajar a la zanja y tratar de rescatar al bebé y le dijo a la mujer que se quedara en su auto junto a su esposa, pues allí estarían seguras. Cuando llegó al fondo, notó a dos personas en los asientos delanteros del auto, pero no les prestó atención y tomó al bebé rápidamente, para llevarlo pronto con su madre. Al llegar nuevamente a la ruta, no vio a la mujer del accidente, así que le preguntó a su esposa dónde había ido. Ella le dijo que la mujer le había seguido por la zanja.

Cuando el hombre bajó nuevamente en su búsqueda, notó claramente que la pareja sentada en los asientos delanteros estaban muertos; siendo uno de ellos, la mujer que clamaba por su ayuda.

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Guía de Supervivencia

Todos hemos pasado por ello. Has ido a cierto lugar, a una cierta hora, a una cierta fecha, hiciste algo y la cosa que pensaste que podría ocurrir, acaba de suceder, sin mencionar el hecho de que viste lo que sea que vive en tu espejo, te dijeron en detalle como vas a morir y una endemoniada e invencible identidad se acerca a ti.

También, tu familia está muerta, todos tus amigos están desaparecidos y estás siendo perseguido por alguien que tiene acceso a tu habitación. ¡Qué mierda haces ahora, querido protagonista?

Bueno, has venido al lugar correcto para saber: Éstas son las simples reglas que se deben seguir en orden para no convertirse en la víctima de creepypasta’s como también, para salir vivo si lo peor pasa. Con la ayuda de esta guía te puedes convertir en un catatónico y traumatizado idiota, a diferencia del chico que termina siendo usado como abrigo por un tipo que vaga por ahí. Solo mantén estas reglas en mente…

1. Los espejos y la oscuridad no van bien juntos.

2. En verdad, los espejos suelen ser un “NO” en el mundo de las creepypasta; no hay nada mas siniestro.

3. Hay cero posibilidades de supervivencia si viste “una cosa” que nadie mas puede ver o responder su respuesta incorrectamente.

4. Si estás solo en la noche y en una horrible institución mental, tómate tu tiempo para considerar que mierda estás haciendo ahí, entonces, si es apropiado irte, házlo.

5. Evita ir a lugares donde todos los que fueron, jamás volvieron o murieron de manera inexplicable.

6. Si alguien hace parar tu vehículo de noche y te pregunta si puedes llevarlo, probablemente, lo mejor sería rechazarlo de manera educada.

7. Matar es el último método de supervivencia. Úselo con moderación pero sin miedo.

8. WHO WAS PHONE (Quién era teléfono) siempre es algo bueno de considerar. Es decir, quien respondería su teléfono mientras besa a la sexy hija de una persona muerta. Solo un idiota lo haría.

9. Consigue un revólver simple calibre .38.  Cárgalo con dos balas de plata. Si realmente sientes que no hay manera de salir vivo de la situación, dispárale a lo que sea que te está amedrentando. Si esto no funciona, todavía tienes la otra bala para volverte un héroe.

10. El área 51 está demasiado resguardada para dejarte entrar. O para dejar que salga un alien.

11. Cuando vas a un hotel, trata de alejarte de áreas no autorizadas. Si no pudiste resistir y viste una cosa roja, considera el rango de precio y estándar de hotel en tu próxima visita. ¿Alguna vez te has alojado en un Hilton embrujado?

12. Cuando te estás registrando en un hotel, Trip Advisor puede ser una herramienta valiosa en su elección si decides quedarte en una escena de asesinato múltiple/lleno de gente muerta/construido en la boca del infierno. Los periódicos locales también pueden resultar de ayuda.

13. Invocar demonios, hablar en lenguas extrañas y hacer rituales de cualquier tipo es considerado riesgoso. Absténte de hacerlo, especialmente cerca de bodegas abandonadas, iglesias, instituciones psiquiátricas, bosques y tu propia casa, frente a un espejo de noche.

14. Cuando vas a lugar nuevo, el conocimiento del ambiente es crucial para sobrevivir. Pregunta sobre lugares malditos, leyendas, peligros y otros detalles. Escucha los consejos de la gente local y no temas en preguntar sobre cuales ataques o desapariciones son paranormales o no.

15. Ten siempre una Biblia a tu lado. Provee material de lectura promedio, pruebas de creencias y un objeto muy pesado para lanzar a enemigos.

16. No confíes en Agua Bendita. Consigue un tarro de ácido sulfúrico y llévalo para que un sacerdote lo consagre.

17. Los sacerdotes japoneses limpian habitaciones, ondeando espadas katana alrededor.

18. Si encuentras 666 mensajes en tu teléfono, correo, etc., considera cambiar de proveedor. Tampoco te molestes en escuchar/leer los mensajes. Es spam. Posiblemente extradimensional, pero spam al fin y al cabo.

19. Las boticas antiguas no puedes ayudarte. A menos que necesites “Sangre del Inocente”, “Aceite de Serpiente” y “Jarabe Radioactivo”, es decir, nunca.

20. Si necesitas firmarlo en sangre, no necesitas firmarlo. Todos los gobiernos comunes aceptarán contratos firmados en tinta; mantén esto en mente si es trato parece demasiado bueno para ser verdad.

21. Los faros son peligrosos. Evítalos a toda costa. Si trabajas en un faro considera una carrera en Venta de Seguros o Cuidado Veterinario.

22. No hay ninguna razón para escuchar música que cause tendencias suicidas o ver videos que tengan extrañas/desastrosas consecuencias.

23. Si quieres planificar tu futuro y tener un poco de dinero, compra una casa en Bel-Air para tu tío y tía. Nada puede hacerte daño ahí; sin importar cuan asustada esté tu madre.

24. Los lugares secretos y aislados son abandonados por una razón. Los pioneros nunca dicen “muerte” pero de hecho, tienen un rango de mortalidad inusualmente alto.

25. Antes de que nades en las congeladas aguas de un lago turbio en el centro de un oscuro bosque a medianoche, pregúntate si realmente quieres viajar a una antigua y aterradora ciudad. Si la respuesta es “no”, entonces, quédate en casa y mira cualquier programa de calidad que esté transmitiendo Cinemax.

26. Cuando cumplas 33 años, intenta celebrar en una casa bien construida con la compañía de otros.

27. Abstente de utilizar el “verdadero nombre” de las cosas, pues por una razón las personas le dieron un apodo.

28. Ver la estática de la televisión por largos períodos puede ser peligroso para tu salud. Contrata televisión satelital para evitar este problema.

29. Consigue un gato. Esas pequeñas bolas de pelo perciben los fenómenos paranormales mejor que nosotros, y en casos desesperados, simplemente lánzalo a lo que sea que te está persiguiendo.

30. Los cementerios son lugares malos, especialmente, cuando están nublados y en Halloween.

31. Intenta no cerrar tus ojos, nunca. Si debes hacerlo, solo hazlo brevemente.

32. Si oyes cánticos, corre hasta que no logres escucharlo.

33. Si eres demasiado mayor para jugar con muñecas, no necesitas estar cerca de esas espeluznantes hijas de puta.

34. Las leyendas pueden ser información de calidad para saber donde no debes acampar con tus amigos.

35. Cuando estés de niñero, procura conocer los gustos y preferencias de la familia para evitar ser asesinado por estatuas de mala calidad.

36. Incluso cuando saber que correr no te salvará, siempre es bueno intentar.

Sigue estas simples reglas y podrás salir de daños leves o enormes. De todas maneras, lo importante es asegurarte de que tu historia sea contada, copiada y pegada repetidamente.

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No hablamos sobre Sarah.

Siempre quise tener una hermana pequeña. Le solía rogar a mis padres. “¿Por favor? ¿Por favoooooooooor?” y ellos solo rodaban los ojos y me decían que no era tan simple como pensaba. Eso no me impidió seguir hablando del tema cuando tenía una oportunidad.

Cuando ellos trajeron a Sarah a casa, fue el día mas feliz de mi vida. ¡Era tan linda! No podía esperar para compartir mis juguetes con ella. Empecé a clasificarlos; decidiendo cuales serían de ella y cuales eran míos. Le pedí un marcador a mi padre y comencé a ponerles nuestros nombres a las cosas para que así no hubieran confusiones.

Sarah lloró mucho al principio. Le preguntaba a mis padre por qué ella lloraba tanto y ellos solo respondían que era natural. Dijeron que cuando ella se acostumbrara a nosotros y a nuestra casa, se calmaría y no lloraría todo el tiempo. Aunque a veces, ella lloraba tan fuerte que Papá tenía que llevarla al sótano, que era a prueba de sonidos, para que los vecinos no se quejaran.

Ella dormía con Mamá y Papá durante el primer mes. A veces trataba de estar con ellos, pero cerraban la puerta. Mami dijo que su cama no era suficientemente grande para que todos durmiéramos ahí. Yo era paciente. Sabía que la cama con barras que ellos pusieron en mi habitación, eventualmente, sería de Sarah.

Cuando sintieron que ya estaba bien que ella durmiera por su cuenta, la dejaban allí. Ya no lloraba tanto y yo me acostaba en mi cama y la miraba dormir al otro lado de la habitación. Primero la llevaban a su habitación y se acostaban con ella hasta que se dormía y luego la llevaban a mi habitación. Algunas noches luego de que la traían, la veía recostada con los ojos abiertos, mirando el techo, así que iba y le entregaba juguetes a través de las barras. La mayor parte de las veces, lanzaba el juguete y comenzaba a llorar y tenía que esconderme bajo las sábanas antes de que Papá entrara para calmarla.

Eventualmente, dejaron que Sarah se sentara conmigo en la sala de juegos. Me dijeron que no estaba permitido entregarla nada muy pequeño o afilado con el cual pudiera lastimarse. ¡Estaba tan feliz! Me sentaba detrás de ella, cepillaba su cabello y le decía que era la mejor hermanita del mundo. Le mostré cuales eran sus juguetes y cuales eran los míos, pero al parecer, no le importaba. A veces, nos sentábamos cerca de la ventana y ella golpeaba el vidrio mientras yo dibujaba en él con crayones especiales.

El período escolar comenzó tarde en la escuela Sugar Creek, y yo asistí pero Sarah debía quedarse en casa. Mamá decía que no estaba preparada para la escuela aún. Yo llegaba a casa y le contaba a mi hermana todas las cosas que aprendía. Solía dibujarnos a ambas, jugando juntas. Cuando se las mostré a Papá, él me dio las gracias y las tomó para pegarlas en su oficina.

Entonces llegó ese horrible día. Nunca lo olvidaré. Llegué de la escuela y Mamá estaba sentaba en la mesa del comedor, fumando. Parecía bastante triste. Fui a jugar con Sarah pero no pude encontrarla. Cuando le pregunté a Mamá donde se encontraba, ella empezó a llorar. Le pregunté qué ocurría y ella dijo que Sarah se había ido. No lo entendí completamente, pero también comencé a llorar y le dije “¡Necesitamos encontrarla!” Ella solo sacudió su cabeza y dijo que ella se había ido a un lugar al que no podíamos ir.

Papá guardó su cama. Botó todos mis dibujos de ella. Quitó todas las etiquetas de los juguetes. A veces encontraba alguno que él olvidó quitar y me hacía llorar. Los recolecté y los escondí, pero un día los encontró por accidente y se enojó mucho. No estaba permitido hablar de ella. Era como si nunca hubiese existido. No creí que era justo. Le dije a Mamá que Papá era malo por no dejarnos hablar de Sarah, pero ella dijo que era lo mejor y que lo entendería cuando creciera.

Vi a Sarah otra vez.

Solo una vez, pero nunca la olvidaré. Estaba con Mamá haciendo algunas recados. Fuimos a una tienda de abarrotes, luego a una tienda de telas en Thorntown para que Mamá comprara telas para nuevas cortinas. Entonces, recordó que debía enviar algunas cartas así que fuimos a la oficina postal para comprar estampillas. Estaba tarareando para mí misma y leyendo algunos carteles mientras Mamá hablaba con la señorita detrás del mesón y ahí la vi. Estaba tan linda como la recordaba. Caminé y miré el cartel con su fotografía, pero habían escrito su nombre mal. Alguien había escrito que se llamaba Shannon.

Corrí hacia Mamá, le tiré de una manga y le dije que Sarah estaba junto a las fotografías de otros niños, pero ella se puso nerviosa y se disculpó con la señorita antes de arrastrarme hacia afuera de la oficina. Tuve que gritar porque ella seguía intentando hablar en vez de escucharme.

“¡Vi a Sarah! ¡Tienen su foto en la pared de ahí!”

Finalmente, Mamá me abofeteó y me dijo que no era Sarah y que quizá se parecía, pero que yo estaba equivocada y si yo no paraba, estaría en graves problemas con Papá al llegar a casa. Lloré y prometí ser buena, pero incluso después de prometerlo, no me dejaron cenar y tuve que sentarme en mi habitación esa noche. Escuché hablar a Papá y Mamá en la cocina y, poco a poco, subieron el tono. Alguien empezó a abrir los cajones de la cocina con fuerza y después, sentí los pasos de Papá subir la escalera pero entonces oí a Mamá gritar “¡No te atrevas!” y él se detuvo afuera de mi habitación, para luego bajar las escaleras.

Nunca volvimos a esa oficina postal y nunca volví a ver a Sarah. Esta es la primera vez que hablo de Sarah desde entonces.

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Mason.

Era un día oscuro y lluvioso de Febrero cuando fui atropellada por una pequeña camioneta. 15 de Febrero. Me dijeron que “volé” cerca de 5 metros para luego caer sobre mi cabeza. Aparentemente, el conductor estaba ebrio y no me vio cruzar.

No recuerdo para nada ese día.

Durante 4 semanas, dormí, en un estado de coma del cual muchos temían, no fuera capaz de superar. Me pusieron en una sala de niños y adolescentes con graves daños físicos o enfermedades. Mi compañero de habitación era Mason. Nunca logré saber cual era su apellido. Por el tiempo en que dormí, el descubrió varias cosas sobre mí gracias a mis visitantes. Mi color favorito, que tipo de música me agradaba y otras cosas en general.

El día que desperté, fui colmada de amor y atención de mi familia y me tomó casi una hora notar la presencia del joven tendido en la cama junto a mí. Me dedicó una sonrisa ladeada y en silencio, se volvió al libro que estaba leyendo.

Eventualmente, me dejaron sola y luego de 20 minutos sosteniendo un debate mental, le hablé y le pregunté su nombre. Su voz era suave y baja y no dejaba de hacerme temblar. Pasamos el resto de la tarde jugando “20 preguntas” y logramos conocernos un poco.

Con el tiempo, mi doctor finalizaría nuestro tiempo de calidad y me daría de alta de mis lesiones, junto a lo que el proceso de curación sería. Él me dijo que cuando fui golpeada, no solo fue un golpe desagradable sino que también mis piernas estaban rotas por mi “grandioso” aterrizaje.

Ellos dijeron que tenía un 60% de chance de volver a caminar.

Mason y yo nos volvimos cercanos de manera instantánea. Las enfermeras solían reírse y decir que ya parecíamos una anciana pareja de casados, acurrucados en su cama, listos para ver cualquier serie que mostrara la televisión. Él solo me sonreiría de aquella manera suya mientras yo me sonrojaba y enterraba mi rostro en su pecho.

Teníamos días buenos y días malos. Hubo un día en particular, especialmente difícil debido a su tratamiento. Nos acostamos juntos; él temblando entre mis brazos. Nunca olvidaré la sensación de sus suaves sollozos o el nudo en la boca de mi estómago. Finalmente, reuní el coraje suficiente y le hice la pregunta del millón.

Tenía la enfermedad de Hodgkin. No creo que ninguno de los dos logró dormir esa noche.

Mientras mis piernas pasaban de estar enyesadas al uso de aparatos ortopédicos, la quimioterapia de Mason comenzó. Sin embargo, y sin falta, cuando volvía frustrada o llorando después de una ardua sesión de terapia, él estaba ahí para consolarme con suaves palabras o frases de “Amo a Lucy”.

Al pasar las semanas, la quimio empezó a causar estragos en él. Sus rizos marrones desaparecieron, oscuros círculos residieron de manera permanente bajo sus ojos y su piel se volvió tan pálida como la nieve. Mientras mis piernas se fortalecían, el día en que fui dada de alta no parecía algo tan agradable de esperar.

El día que decidimos afeitar su cabello fue el día en que me quebré. Le dije que haría lo que fuera; donaría sangre, donaría mi médula, cualquier cosa para hacer que el mejorara pero él solo me sonrío y limpió mis lágrimas.

60%. Mason tenía un 60% de chance de combatir sus demonios, tal y como yo.

El 12 de Mayo, fui dada de alta de manera oficial de la habitación 104. Tendría que caminar con una cojera por el resto de mi vida. Pero aún así, todos los días visitaba a Mason. Cada vez que debía irme, nos tomaríamos una foto. Al pasar los meses, podía comparar nuestra primera foto y la más reciente, notando cuan deteriorado estaba. Era angustioso.

La primera vez que lo perdí fue el 17 de Agosto. En la madrugada, estalló la fiebre y su corazón paró durante 4 minutos y medio. Fueron los peores minutos de mi vida. Me senté fuera de su cuarto en una incómoda silla plástica de hospital, viendo como las enfermeras que conocía tan bien, iban de un lado a otro, intentando salvar su frágil vida.

No me alejé de su lado hasta que apretó mi mano, me guiñó y me dijo que fuera a casa, que me relajara o tomara una ducha.

Luego de eso, juré que nunca mas le dejaría dejarme sola otra vez.

Supongo que el destino no estaba a favor de Mason, ya que cuando llegó Acción de Gracias, él era casi un esqueleto. Pero no me importó.

Él confío en mi esa noche, aceptando el hecho de que su tiempo ya estaba cerca, prometiendo esperar por mí al otro lado. Le rogué que no se fuera, pero el suavemente sacudió su cabeza y acarició mi espalda. Él no lograría llegar a ver la mañana de Navidad.

Eso fue dos meses atrás.

Cuando ya no fui capaz de verlo atado a tantas máquinas, decidimos huir juntos. Lo abrigué y manejamos en el auto de mi madre hasta llegar a una antigua cabaña en la que mi familia se quedaba durante las vacaciones. Mason y yo no podíamos estar mas felices. No me importa que ahora yo esté en las noticias cada noche, o que cada policía del estado me esté buscando.

Lo único que me importa es estar con Mason para siempre.

Aún cuando su carne se está llenando de gusanos y está comenzando a caerse de sus huesos. Incluso si el olor de su cadáver podrido nunca se va de mi piel. Sus labios aún son suaves por la noche y seguido, él susurra dulces secretos en mi oído antes de dormirnos. Nadie, ni la policía, ni los doctores, nadie puede separarnos. Estoy lista para su llegada.

Me aseguré de traer el escalpelo mas afilado que pude encontrar antes de que dejáramos el hospital.

Pero hasta entonces, me recostaré entre los brazos de Mason, los que alguna vez fueron fuertes apéndices, y hablaremos toda la noche hasta que él me lleve.

Estaremos juntos para siempre.

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En la cocina.

Una pequeña niña está jugando en su habitación cuando oye que su madre la llama desde la cocina, así que baja corriendo las escaleras para encontrarse con ella.

Mientras corre por el pasillo, la puerta del armario que se encuentra debajo de las escaleras se abre y una mano la alcanza y la hace entrar ahí. Es su madre. Ella le susurra a su hija: “No vayas a la cocina. Yo también lo oí”.

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